Editorial

Los argentinos y el Bicentenario
*Por Hugo Delgado
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Algunos sectores del poder, los mismos que se niegan a perderlo y compran o alquilan a ciertos dirigentes políticos para que los representen intentaron hacer carne el latiguillo: “Bicentenario polémico”.

Realmente puede haber polémica, es cierto, pero si la hay es por demás desigual, y necesario expresar claramente las diferencias de caudal entre ambas posturas.

La derecha, representada en Mauricio Macri, responsable de contrabandear autos y absuelto por la Suprema Corte adicta de Menem, de contratar policías sospechados de encubrir el atentado de la AMIA para la Policía Metropolitana, de destruir la salud pública porteña; con su inauguración del Teatro Colón (de cuya planta estable ya ha despedido o cambiado de actividad a una cantidad importante de trabajadores) y sus 2.700 invitados selectos entre el jet set vernáculo y el circo mediático de la Nación y por el otro los varios millones de argentinos que nos expresamos en las calles sin distinciones ni banderías políticas, solo pueblo.

Es cierto por otro lado que no faltaron intelectuales de la derecha como Kovadoff o Sebrelli denostando al populacho; Francisco De Narváez expresando que “no le gustaba” (será que como no es argentino no lo siente) y hasta algún pelotazo en contra diciendo que no había que festejar, que el Bicentenario de la patria es en el 2016.

Lo que tanto estos legos intelectuales empleados del poder económico, como algunos periodistas que sirven a los mismos amos olvidaron expresar son tan solo algunos “pequeños detalles”
El servicio de emergencia, por estar la actividad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, debió correr por cuenta del Gobierno de la Ciudad del señor Macri (testimonios periodísticos del canal de su socio político Francisco De Narvaez, expreso esto para que quede claro que no lo hicieron con afán de criticarlo, es más, omitieron señalar su responsabilidad) dieron cuenta de hasta cincuenta minutos de demora en la asistencia de una ambulancia del SAME. Claro, nadie se molestó en aclarar que la responsabilidad, en todo caso, no es de nadie más que del Jefe de Gobierno porteño.

Hasta último momento, al igual que en ocasión del 24 de marzo, se realizó una campaña a través de internet para que la gente no asistiera al evento, bajo el rumor que la oposición irrumpiría para realizar en pleno acto una caceroleada de contrafestejo.

Los grandes medios de comunicación (que como todos sabemos en Argentina son un apéndice de los poderes económicos afectados por el gobierno y por tanto en contra de este) ningunearon todo lo posible los fastos del bicentenario y el martes mismo alentaron a no concurrir por "la gran concentración de gente, que hacía que hubiera un gran embotellamiento humano".

Curiosamente el único acto que presentó la oposición en el Bicentenario fue la reapertura del Colón (costeada por la Nación, entre otros detalles menores y cuyas imágenes de apertura fueron negociadas por el señor Macri con la televisión privada, más precisamente sus amigos de Canal 13, como ya había hecho con la televisación de los partidos de Boca Juniors cuando era presidente del Club) como la señora Mirta Legrand "la organización aquí es buenísima, la gente está detrás de las vallas y no molesta" y bondades democráticas de y de amor por el pueblo por el estilo.

También extraño resultó el análisis de cierta prensa que no pierde autorotularse independiente que a falta de otros motivos de críticas se encargó de señalar los riesgos que se habían corrido (aunque no pasó nada) al convocar a tamaño acto sin tomar las previsiones del caso.

Lo que no es extraño es la respuesta de los argentinos, que desde hace rato ya no vamos a ningún lado por un choripán, pero que tampoco lo hacemos porque lo dice tal o cual canal de televisión.

Tal vez estemos empezando a crecer.

 
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