Opinión

Repercusiones Blog

14/09/12 – Un recorrido por las opiniones del universo blogger sobre la marcha y los cacerolazos de este jueves.

Martín Rodríguez

Una oposición que tiene que hacer pedagogía sobre sus representados. Pasar a civilización ese runrún difuso. TN no podía poner testimonios. // Esa plaza también tiene algo intraducible. Y la fantasía eterna de la oposición es creer en la representación total. // Sobre todo atender que la política no es una sábana flexible que no deja nota sin tocar. // Representar no es soplar y hacer botellas. Ni recoger mensajes del mar. Ni todo es representable. No le inventemos utopías a la democracia

Abel Fernández

Buena parte de los caceroleros, actuales y potenciales, tienen intereses y reivindicaciones económicas muy concretas detrás de su bronca: la mayoría de los empresarios rurales, todos los rentistas, los jubilados de los niveles de ingresos más altos, los que habitualmente ahorran en dólares, los vinculados a sectores competitivos de la economía,… Excepto los que piensan en el equilibrio del conjunto, antes que su situación personal – una minoría muy pequeña en cualquier sociedad, me temo – la lista es larga de quienes tienen motivos reales para oponerse. Igual, esas razones no alcanzan para provocar un enfrentamiento de las características del que vivimos.

Nicolás Tereschuk

La otra estrategia posible es la de "ruptura" con el clima de época. Es decir, muy queridos míos: decidirse a ser de centroderecha sin ningún tipo de vergüencita, lo cual, en la Argentina de hoy no te sirve para ganar, pero sí te tiene que servir para acumular un núcleo de votos que, me parece, puede ir del 20 al 30 si lo hacés bien. O sea: esto implica, por ejemplo, dejar de lado las dos consignas principales que quieren mostrar hoy, que son "no a la re-reelección" y "contra la inseguridad", que son consignas "de centro". Y en lugar de eso animarse a expresar lo que muchos quieren expresar. ¿Y qué es? Una agenda neta de centro derecha. Que quieren dólares, que no quieren controles del Estado, que no quieren empresas del Estado, que no están de acuerdo con la no represión de la protesta social, que no están de acuerdo con una política de seguridad que no hace centro en lo represivo, que no están de acuerdo con la Asignación Universal por Hijo, que no están de acuerdo con los nuevos jubilados de la moratoria previsional, que no están de acuerdo con que los salarios en la Argentina sea costosos de pagar, que no están de acuerdo con que los alumnos de escuelas públicas reciban netbooks a cambio de nada. Expresar bien claramente que, a diferencia del 2001, cuando se juntaron con "los de abajo" porque tenían "miedo de caer" ahora a lo que le tienen es miedo a que "los negros" de "abajo" lleguen a subir mucho más.

Mariano

Lo de ayer, más allá del detalle de las cantidades, no aporta gran novedad. Gente a la que no le gusta el Gobierno manifiesta un poco más ruidosamente que otras veces que no le gusta el Gobierno. Y nada más.

Pero no hay un sujeto social que exprese un conflicto real, concreto. ¿Cuál es el conflicto? ¿Cuál es el reclamo? Una infinidad de tópicos, a los que algunos participantes le otorgan aleatoriamente prioridad sobre los otros, sin que ninguno sobresalga en el escrutinio final. Podríamos agrupar esa cantidad de reclamos en un concepto más genérico: "no nos gusta el Gobierno". Bastante lógico en el ámbito de gente que no votó al gobierno por expresar ya desde hace mucho tiempo un fuerte rechazo hacia él.

Quiero decir con esto que lo de ayer se parece bastante a una catarsis colectiva, de gente que no está satisfecha con el gobierno por motivos preexistentes a las elecciones del año pasado. No hay (como si hubo en el 2008) una amenaza a la ruptura de la correlación de fuerzas.

Me resulta increíble que un tipo que quiere ser presidente dentro de tres años (me refiero a Macri) señale como algo positivo que el reclamo fue "sin banderas políticas". Es ridículo. Debería lamentarse de su incapacidad para capitalizar políticamente el descontento.

Creo que la interpelación más fuerte es a los dirigentes opositores, a su incapacidad de articular una representación política del descontento, para canalizar institucionalmente los reclamos, y en todo caso transformarlos en plataforma electoral.

Pero pedirle al gobierno que se encargue de solucionarle los problemas a la oposición me parece ya un exceso.

 
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