Opinión

La Obscena Desnudez Política
Por Jorge Rachid
jorgerachid2003@yahoo.com.ar

Al fin de la década de los 80 un ignoto Francis Fukuyama, sociólogo, disertando en un olvidable congreso, planteó frente a la caída del Muro de Berlín, su teoría del fin de las ideologías, de la cual se arrepiente actualmente. Dicho evento levantado por los dueños del poder, transformó la frase en un ícono que durante décadas intentó justificar la irrupción violenta de las teorías neoliberales que dominaron al mundo hasta la crisis del 2009, además de instalar al Mercado como ordenador social último en la etapa de la globalización. Así las multinacionales pudieron penetrar mercados antes vedados como China y la URSS.

En nuestro país dicha instalación como cultura dominante se basó en la destrucción de la idea de la política como forma de articulación social y de construcción de un modelo de país. Así fueron sucumbiendo planteos nacionales e identitarios de preservación cultural y patrimonial, en desmedro del posibilismo y el llamado pragmatismo. Partidos y Movimientos que habían crecido al calor de la lucha política y de la dinamización social, fueron cediendo terreno a los nuevos gurúes económicos, las nuevas lógicas del marketing y las modernas condiciones de instalación de candidaturas, en general generadas en ingentes recursos económicos, dentro de una democracia limitada al Mercado, producto del Consenso de Washington.

Así la Política se comenzó a visualizar lejos de cualquier planteo ideológico, es mas los mismos eran catalogados como nostálgicos o utópicos, sin visualizar que la política sin ideología deja de ser, no existe, pierde el sentido de la palabra, no es mas “polis” ni viene del griego, sólo ausencia. En efecto sin un marco ideológico que plantee los objetivos estratégicos, la política pasa a ser simplemente un juego electoral, por un lado alejado de las propuestas necesarias para enfrentar el ejercicio del gobierno en cualquiera de sus poderes y por otro desvirtúa la lucha por el poder, al adoptar el oposicionismo como variable absoluta ante cualquier propuesta del adversario y utilizar la demonización como herramienta de destrucción del mismo.

Sin ideología, es decir sin un sustrato ideológico que permita asumir compromisos a futuro de cara a la sociedad la política pasa a ser gerenciada, lejos del pueblo, de sus necesidades, sus reclamos y sus intereses. Comienza y termina en una elección, no hay ni un antes ni un después, sólo el hecho electoral sobre el cual gira durante los dos años de interregno electoral, la discusión supuestamente política. Los candidatos forjados por la maquinaria mediática a fuerza de dinero comienzan a ser conocidos, los conocidos dejan de ser recordados en sus fracasos, los nuevos se abren paso en alianzas impensables desde cualquier perfil ideológico, cada paso es en función de estar, no importa como ni para que, ni con quien, lo importante es ser parte de un gran circo que convoca a luchas corporativas. La desnudez política se torna en cotidiana, exhibiendo en toda su crudeza, la hipocresía, la mentira, la codicia y la falta de escrúpulos de una dirigencia que ha perdido el rumbo y los sueños.

Pueden ser esas batallas desatadas por cualquier bandera, los medios de comunicación, pueden ser el campo de lucha, las AFJP o los Fondos Buitres todo sirve, aunque atente contra los intereses nacionales. Si somos embargados en N.Y. aplauden, si nos califican desde los organismo internacionales con bajas notas, se entusiasman, si crece la desocupación al calor de la crisis mundial ven acrecentar sus propias expectativas, si la crisis se profundiza ven su ascenso cercano al poder, si se cae un mercado comprador saludan. La lucha contra la corrupción embiste contra todo sin importar luego los fallos. Si los jueces dicen que no la hay son comprados, si comprueban algo son probos, si paralizan al ejecutivo son jueces de la República, si le dan la razón fueron extorsionados. En esa dinámica se desenvuelve hoy la llamada Política, pobre Aristóteles 2400 años después, ser desagiado de tal manera.

El Peronismo que supo ser paradigma de generaciones, identidad del movimiento nacional, popular y revolucionario en la Argentina, encuentra hoy peronistas en cada rincón del virtual escenario político de la Patria.
Llamados Peronistas con propuestas de privatizar la educación o de perseguir a los militantes sociales. Otros que se dicen Peronistas a favor de los dueños del poder financiero o de las grandes empresas exportadoras o los pobres terratenientes hambreados por tener que blanquear sus negocios. Se encuentran seudo Peronistas en contra de juzgar los genocidas enterrando el pasado y la memoria de nuestros compañeros desaparecidos y otros militando por un sueldo al lado de empresarios conmovidos por la pobreza. Los hay que piden ajuste y disminución del gasto público, otros que denostan al Estado como ordenador social de intereses dispersos. Existen supuestos peronistas que pretenden sumarse al ALCA y califican la nueva realidad Latinoamericana como parte del “eje del mal” del Imperio. También critican a Chavez y Evo, además de Correa y Ortega, juegan al lado del pensamiento “occidental y crisitiano” en su visión del mundo, tan occidental como Japón y tan cristiano como Israel. Combaten al islamismo porque forma parte del discurso políticamente correcto, son ignorantes de la política internacional y de los intereses que mueven al mundo. Sólo hablan de acuerdo a las sintonías que marcan los medios, incapaces de instalar ejes propios, son seguidores de tapas de diarios e informaciones manejadas por los multimedios en los cuales ansían fervientemente participar.

El Peronismo tiene una doctrina y un marco ideológico escrito y profundizado por décadas de lucha y compromiso. No es baratija de bazar para cualquier ocasión, muchos militantes hombres y mujeres de nuestro pueblo desde 1955 dieron la misma vida por una causa nacional, se sufrió exilio y escarnio público con condena social por el sólo hecho de ser peronista. No nos asustan las batallas políticas ni las confrontaciones, nunca fuimos otra cosa que víctimas, nunca victimarios de nadie. No hemos reprimido la protesta social ni hemos estigmatizado la pobreza como delincuencia, hemos asumido el compromiso con la Patria mas allá de los sinsabores y las persecuciones. Sin embargo cualquier argentino puede hoy denostar el ser peronista por ser oficialista, incluso hacerlo desde un supuesto peronismo no oficial, y está bien ya que siempre en el marco del movimiento hubo opiniones encontradas, luchas de poder e internas genuinas, pero a la hora de los compromisos ideológicos primero era la Patria, siempre primero era la Patria y después el Movimiento, dentro del cual se debe dar la batalla por la idea.

Esa cuestión que hoy parece postergada por las razones antedichas, porque se ignoran los ejes políticos y la política ha sido bastardeada por quienes pretenden un gobierno empresario, atado a los designios imperiales, sin conflictos externos ni convulsiones financieras, sólo disciplinamiento interno, control social del reclamo, índices macroeconómicos positivos aunque con endeudamiento, apertura de mercado y destrucción de la producción local. A la puja por el ingreso la llaman crispación y al conflicto de intereses lo denominan caos institucional. No toleran siquiera un gobierno desarrollista, mucho menos una distribución justa de la riqueza, ni una nueva política de arrendamiento del campo argentino. Quisieran que las leyes laborales retrogradaran al 76 o a los 90, que los jubilados incluidos en esta última etapa sean postergados por no tener aportes suficientes, quisieran eliminar el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, si fuese posible terminar con los sindicatos y las obras sociales, es decir reinstalar la paz de los cementerios.

Por último debo afirmar que recrear el concepto doctrinario es esencial a futuro en la lucha político-ideológica que se avecina, donde lo que debería primar es la política como herramienta insustituible de la construcción del modelo social de las próximas décadas. Así definiremos los argentinos a quien votar y a quien no votar, de acuerdo a nuestras expectativas e intereses como pueblo, no referidas a un hecho electoral como un campeonato de fútbol ni un concurso televisivo. Estamos definiendo el futuro de nuestro país y de nuestros hijos, sin hipocresías ni falsos profetas, sin corrupción ni seguidismos, sin personalizaciones falaces ni mucho menos voto de telemarketing.

Pensemos en que país estamos transitando, donde estábamos, hacia donde vamos, como vamos y cuanto nos falta por construir, además de que queremos como pueblo, en que sociedad pretendemos vivir si en una sociedad solidaria con un Estado de Bienestar o en un capitalismo salvaje que desplaza al abismo a cuanto sector que no produce, olvidando al hombre como eje y razón última de la política, que debe seguir siendo una de las actividades mas nobles del hombre en función del bien común y la felicidad del pueblo junto a la grandeza de la Nación.

 
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