Veinticinco Años


Las deudas de la democracia

Por Hugo Delgado

(11/12) Para quienes hemos pasado en algo los cuarenta la democracia no es poca cosa. Vimos como nos desaparecían la adolescencia durante el secundario y si bien es cierto, muchos argentinos perdían cosas mucho más esenciales como la vida, lo nuestro tampoco es para desdeñar.

No obstante un día los militares decidieron volver a sus cuarteles acorralados por su propia opacidad y sus secuaces civiles a hacer usufructo de lo rapiñado con la capucha y la picana.

Y llegó el día en que “con la democracia se cura; se y se educa” y llegó el día en que hicimos la revolución (productiva) y llegó el día en que confundimos aburrido y timorato con honesto y progresista y llegó el día… casi diez mil días después de hacer un balance de esta democracia.

Muchos dirán que ahora podemos expresarnos: bien; otros que podemos elegir nuestros gobernantes: ¿seguro?; algunos otros que ahora nadie nos tortura: bueno… si no somos pobres ni negritos seguro; algunos otros que…

Hay infinidad de cosas a decir sobre el período de democracia representativa en que vivimos muchas buenas, pero para eso habrá cantidad de personas agolpándose tratando de decir. Hoy nos proponemos desde El pueblo comenzar una zaga que estará compuesta por veinticinco notas que hablarán sobre las deudas que aún tiene pendientes de resolver la democracia argentina.

Un sistema que legitimó una deuda externa ilegítima mientras escondía bajo la alfombra a nuestros chicos desnutridos que morían; un sistema que apañó el florecimiento de las empresas privadas de educación saboteando la Escuela Pública; un sistema que enajenó los bienes de todos a precio vil con las privatizaciones; un sistema que tiene decenas reasesinatos en su conciencia.

Sobre esas pústulas vamos a hablar, no por antidemocráticos, sino en la clara convicción deque no se crece ignorando la realidad.

Hablaremos de la deuda interna; del abandono de nuestros ancianos; del robo de las ilusiones de nuestros jóvenes; en fin de lo que vemos todos los días quienes caminamos el país. Este país de tierra y barro; que no se acaba en los límites de la Capital; este país que también conforman los pobres de toda pobreza abandonados por el estado en el “culo del mundo”.

Trataremos, cuando se pueda de repensarlo y sobre todo, de aportar a una autocrítica como ciudadanos.

 
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